La casa encendida

Si López no aparece, encontrémonos nosotros. Estemos produciendo, estemos despiertos. Ésa fue la propuesta (y la acción) de Radio Futura la noche del 17 de septiembre pasado. Al día siguiente se cumplían cinco años de la (segunda) desaparición de Julio López. La casona antigua transformada en biblioteca y centro cultural, lanzó la invitación y abrió sus puertas. Músicos, poetas, entrevistados, entrevistadores y amigos se acercaron a la esquina cálida de 5 y 75, cerca de la penitenciaría y de la avenida circunvalación. Del otro lado, escuchando.

Es sábado a la noche y no hay una sola cerveza. El anafe de la cocina se prende otra vez, o queda una pava a fuego lento; al lado, tazas y una caja de té a disposición, y el cable que baja hasta la portátil en el suelo, sintonizada en la 90.5. Circulan varios equipos de mate, y en la habitación central hay una mesa con bizcochuelo y empanadas. La vigilia empezó a las diez de la noche y se va a extender hasta las ocho de la mañana. Hay bastante movimiento: un grupito charla en el hall, donde están los estantes de caña con los libros inventariados y otro parlante transmite lo que sale al aire; hacia el interior de la casa, a través de la puerta de dos hojas con vidrio repartido, algunos conversan de pie, otros ocupan una silla, el sillón de una plaza o el rincón del suelo con almohadones. Sobre una pared, un proyector cambia de imágenes. Fotos de López recorriendo el centro de detención atraviesan como guirnaldas el cuarto. Un chico de pelo largo se asoma y pide un poco de silencio. Desde la cabina del operador miran lo que pasa adentro del estudio.

-La están entrevistando a Nilda Eloy, pero ya debe estar por terminar. Hace casi cuarenta minutos que están – aclara alguien a los recién llegados.

La portadora de la voz grave sale, perseverante, el cuerpo y la vida marcados por haber sobrevivido a la detención clandestina en dictadura, el pelo largo hasta la cintura, grueso, canoso.

Con soltura la locutora vuelve a enmarcar al oyente en la vigilia por los cinco años sin López y recuerda las vías de comunicación con la radio. Pausa y separadores especialmente preparados.

En la pared se proyecta el ingenioso juego interactivo creado por el grupo de comunicación e intervenciones LULI, “Dónde está Julio”. Explica el estado de la causa por la desaparición del testigo clave en el juicio al genocida Etchecolatz, mediante un click sobre dibujos coloridos. Se recrean las situaciones urbanas donde todos alguna vez buscamos a Wally, ese personaje de anteojos de marco negro y remera a rayas rojas y blancas.

-Chicos, Dani va a tocar unos temas y quiere que todos escuchen, así que vamos a abrir las puertas del estudio. Tienen que hacer silencio.

La puerta doble, cubierta de aislante blanco, se abre. La habitación está expectante, respetuosa. Alrededor del micrófono están el conductor y la conductora, Bruno (que después va a leer un relato) y Dani con la guitarra. Prácticamente se presenta solo. Disfruta hablar, enmarca sus canciones en el rock nacional de Sui Generis, de Billy Bond y La Pesada. Tiene el pelo largo, boina y campera de cuero. Vende pan relleno en la facultad de Periodismo; en la radio comunitaria, apropiada en su mayoría por estudiantes, varios lo conocen.

Así se inauguran las puertas abiertas del estudio, que no vuelven a cerrarse. Adentro, las paredes están repletas de afiches y stickers de grupos de música, eventos culturales, agrupaciones políticas y sociales, películas. Hay un nuevo autoadhesivo dando vueltas esa noche: el de la misma vigilia sonora (y tal vez alguien lo pegue con los otros). CUANDO ALGUIEN CALLE / VUELVAN A NOMBRARME / HASTA QUE ARDAN LOS OÍDOS, dicen las letras mayúsculas en blanco y rojo sobre fondo negro. Las acompañan los ojos de López, que emergen por detrás de radios y parlantes. Señas desde el otro lado del vidrio: luz de aire.

Nuevas rondas de música y poesía. Otras columnas y entrevistas a movimientos sociales. Numerosas recargas de los termos y cambio de yerba.

Martina hace producción. Camina llevando la bicicleta y dice que sí, estuvieron hasta las ocho. Que había ido uno de los fundadores de la radio y estaba contento de ver tanto movimiento. Están dispuestos a nuevas vigilias. La marcha del domingo dieciocho ocupa cuatro cuadras. Va dejando atrás plaza Moreno mientras baja por diagonal 74, vibrante.