Como un viejo pajero
que mira parejitas en las plazas,
siempre fui voyeurista
de la libertad ajena.
Disfruté restos
y reflejos de lugares prestados,
itinerantes.

Construyo sin querer, de rebote,
sin asumir, pensando
siempre en dejar, en abortarme.

Estoy dispuesta de raíz
a juntar mis deseos en un ramo
perfumado y siempre verde
y desbordante,
y llevarlo.